martes, abril 27, 2010

Ser parte de un libro

El otro día leía que Morgana aprendió a leer escuchando los vendavales soplar entre las ranuras de las puertas y las ventanas, cuando hacía tanto viento que ni siquiera se podía salir a jugar a la calle y lo único que podía hacer era sumergirse en un libro.

Un libro es a veces lo único que puede evadirnos de la realidad. Y como muchos autores han dicho, lo único que nos permite experimentar otras vidas. Pero existe otra realidad también y es la de ser parte de un libro, es decir, que por un capricho del destino o una extraordinaria coincidencia estés justamente viviendo aquello que estás leyendo en ese instante en el libro. Puede ocurrir en el momento más inesperado, lo cual provoca una sensación extraña de pérdida de percepción de la "realidad" o mejor dicho, de las dos realidades, la del libro y la tuya.

El protagonista del mío acaba de entrar en una cafetería y decide hacer tiempo hasta que salga el primer tren, leyendo, claro.

Y yo sentada en aquella cafetería, en aquel sofa de mesa de cuatro, no espero nada pero viendo que algunas personas se movían a mi alrededor pienso: estoy ocupando un sitio de cuatro. Y la gente cuando me ve allí no piensa en sentarse y entrar en esa burbuja invisible ¿Por qué los seres humanos somos tan territoriales? Es evidente que si alguien se sienta enfrente, yo voy a seguir tan absorbida por el libro que tengo entre mis manos, que no me va a importar lo más mínimo. Pero la persona que rondaba por allí buscando sitio ya se había marchado en lo que yo había hecho aquella reflexión, así que volví a mi libro y comencé el siguiente párrafo.

El camarero se acercó y me preguntó si me importaba compartir mesa con otros clientes. Accedí. Total, estaba leyendo. ¿Por qué iba a molestarme que se sentara alguien enfrente?

El protagonista era Watanabe (de Tokyo Blues de Murakami) y estaba leyendo La Montaña Mágica.

Me pregunto por qué párrafo se llegaría él.

3 Pinceladas o comentarios:

Hada Gris dijo...

:)

Fue el primer libro que leí de Murakami. Ahora me cansa un poco, pero Tokyo Blues siempre conllevará un precioso recuerdo.

Morgana dijo...

es lo que le sucedía a Bastián, no??, el protagonista de La Historia Interminable... la fusión total con el libro, con la narración, vives aquello que lees, lees aquello que vives y casi no hay diferencia.

A mí me pasó hace mucho tiempo con uno de Los Caballos de Troya, no recuerdo cual. Lo leí justo en semana santa. Cada día en el libro se correspondía con cada día en la realidad.

Y luego está Nubosidad Variable... que nunca lo he podido terminar de leer porque, sin ser exacto a mi realidad, tiene la facultad de hacerme sentir que lo vivo en primera persona..., como si fuera a mí.

Uffff.

Un saludo!

LA DESGRACIÁ dijo...

Y si no vivo esa realidad que leo, la creo y la re-creo.

bss

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